Aún recuerdo esas clases de tarde en las cuales le ponía las manos en la nariz a Eli para que oliese a mandarina, y es que me encantaba darle envidia. Echo de menos esas tardes…
Me gustan las frutas de temporada, me gustan las mandarinas, masticar el gajo y sentir una explosión cítrica en toda la boca, el ritual de pelado, ir comiéndola de gajo a gajo. Las típicas mandarinas que tardas años en pelarlas porque tienen la piel muy pegada, o al contrario, la q todo es piel y nada de pulpa, más grandes, más pequeñas, más dulces, más acidas…
Aún me huelen a mandarina…



